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miércoles, 29 de febrero de 2012

"EL OVERO"


Degollalo, Cipriano, degollalo;
ya el matungo no tiene más rimedio:
hace dos o tres días qu'está cáido
y es inútil buscarle un aliveo.
-Anoche al acostarme, yo pensaba
en eso mesmo que m'estás diciendo,
y esta mañana preparé la daga
pa despenar pa siempre al pobre overo;
pero,¿sabe, mi vieja, lo que pasa?.
Me alcanzó a conocer a veinte metros,
y levantando un poco la cabeza
m'hizo un relincho corto, dend'el suelo.
Me arrimé pa matarlo,
y vide en sus cansados ojos negros
yo no sé que mirada tan extraña
que me tembló la daga entre los dedos
y me puse a pensar:¡que diría
al saber que soy yo que lo degüello!
'¿Es ansí cómo pagan los cristianos
dispués que uno está cáido y está viejo?'
'Este es un bien pa vos-quise esplicarle-.
Sentirás un dolor cuando entre el fierro;
pero dispués verás, cuando la sangre
dentre a chorriar y a coloriarte el pecho,
te sentirás liviano como en antes
y todo ese dolor se te irá yendo...'
¡Y sacando coraje, ni sé di'ande!,
con una mano le tantié el pescuezo,
y cuando estaba a punto 'e degollarlo
me maniaron la mano los ricuerdos.
Recularon los años de mi vida
y m'entraron a arriar los pensamientos
pa los tiempos aquellos que denguno
me prestó más servicios que'l overo.
Yo tenía pa'quel tiempo veinte años
y él sería un potrillo 'e tres y medio...
cuando una vez por cosas...
por sonseras que cuasi ni me acuerdo,
le pegué unos hachazos en el tuso
al comesario mesmo.
Y tuve que juír. Mi suerte estaba
puesta en las patas de mi parejero,
y pa ganar el monte
vadeó los ríos, jinetió los cerros,
y si de un galope no cruzó los Andes
jué porque nunca le pedí ese esjuerzo.
Dispués, cuando unos ojos
que no sé si eran brujos o hechiceros
m'enredaron pa siempre y armé'l rancho
`pa tener en mi rancho ¡dos luceros!,
mi overo puso el anca pa'llevarte;
...y como pa dir al cura estaba lejos...
hizo la vez de cura, de padrino
y jué testigo 'e nuestro casamiento.
Después de algunos años,
cuando el gurisito cayó enfermo,
¿quién se galopió las doce leguas
que hay estendidas dende aquí hast'al pueblo,
y quién se galopió las otras doce
pa venir hasta aquí con los rimedios?.
Por eso, no me animo a degollarlo;
dejalo al pobre overo
¡que se muera solito allá en el bajo,
que yo perdí el coraje hasta pa verlo!

Letra. Boris Elkin

"EL AGÜELO"


¿Qué le vamos a hacer?
Me basuriaron, áura que voy pa'viejo;
a la edá que a los hombres no les hace
vivir un año más o un año menos
y no es cuestión de andarle mezquinando
a los ojales, cuando sobra cuero.
 
Risulta qu'esta tarde,
cuando volvía contento, de un arreo,
sentí que unas chirolas m'estorbaban
y llegué al boliche'Del Recreo'
-no diré pa'tomar, porque no tomo-,
pero m'hija, usté sabe, soy agüelo,
y no quise venirme pa'las casas
sin tráirle golosinas a mi nieto.
 
Dentré y pedí, sin reparar en naides:
'Me da unos caramelos;
treinta de aquellos que parecen guindas
y veinte d'esos...'
 
De una mesa de truco medio al fondo
sentí que se me rieron,
y una voz que conozco hasta dormido,
porqu'es aquella que mintió tan fiero,
me revolvió la entraña preguntando:
'-¿Así que son pal'nieto?'
 
Y me volvió a cargar:
'-Y la Ramona
sigue linda, nomás?Le dá recuerdos,
y digale que espere sentadita
si cré que yo vi a dir al casamiento'.
 
Yo tuve tentación de atropellarlo
y matarlo a lo perro;
ya que ni ansina pagaría la cuenta
que te quedó debiendo de hace tiempo.
 
Pero pensé que te dejaba sola,
qu'eras muy poco pa'cuidarlo al nieto,
y juntando valor pa'ser cobarde,
dejé que piensen que le tuve miedo
y agarré los paquetes y me vine.
¡Nieto! Venga pa'cá:
¡sus caramelos!
 
Letra: Boris Elkin

martes, 28 de febrero de 2012

"QUE OCURRENCIA"

 

Trajo el patrón, pa la estancia, un toro fino, importao
y creo que lo había comprao por Inglaterra o por Francia
Un animal de prestancia con más cuidao que una alaja
y pa sacarle ventaja mejorando los planteles
dormía el toro en "Los jagüeles" en cama de buena paja.

Yo pa ese entonces, me acuerdo, redomoniaba un picazo
que era más pronto que hachazo pegao con el brazo izquierdo
Y como nunca fui lerdo pa enseñar un animal
como un hombre liberal pero con mala intención
saqué al toro del galpón pa soltarlo en un corral.

Monté y después, despacito, como escondiendo una treta
al toro, por la paleta, le pegué un empujoncito
Escuchó el picazo un grito con mi acento varonil
y sarandeando el cuadril se dió el toro a disparar
y ahí se lo entré a "descolgar" a dos velas y un candil.

Como el pingo tenía rollo le iba gritando certero
¡acomodate extranjero que te está golpiando un criollo!
De entre las patas, un pollo, salió con vida arañando
todo asustao, cacariando, pasando alguna penuria
cuando yo en toda la furia traiba al toro recostando.

Después, para qué les cuento, se apareció el mayordomo
malísimo, hinchando el lomo, hasta quedar sin aliento
Me parece que lo siento gritar desde la tranquera
más colorao que una hoguera estaba loco de atar
y ya lo mandé a pasear con una frase muy fiera

Cuando lo supo el patrón enseguida me pagaron
y como a un perro me echaron sin darme una explicación
Pero si esa tentación me costó una sacudida
aunque pierda otra partida no hay cuidao que retroceda
y seguiré mientras pueda haciendome el gusto en vida

Letra: Pedro Risso

jueves, 23 de febrero de 2012

"POR EL CLAVEL DE RAMON"



Con un clavel colorao
Más grande que un corazón
Llegó el paisano Ramón
A un baile que jue invitao
Salvaje gritó un malvao
Con quien Ramón ni se hablara
Y para colmo lanzara
Una carcajada hiriente
Que al oir eso la gente
Como un chiste festejara

Quedó Ramón tan cortao
Sin saber a que atinar
Al sentirse provocar
Apenita habrá dentrao
¡Claro que soy colorao!
Aquí dentro y ande quiera
Y ahora paisano quisiera
Si aguanta el que me provoca
Que me repita esa boca
Lo de salvaje ahí ajuera.

Se hizo un silencio profundo
Después de la carcajadas
Se cruzaron las miradas
La tragedia presintiendo
Tras Ramón salió corriendo
El gaucho provocador
Dicen que era peleador
Un artista pa’ el cuchillo
En cambio Ramón sencillo
Buen mozo y trabajador

Todos al verlo salir
Dijeron casi a una voz
¡Pobre Ramón! ¡Santo Dios!
¡En que mano va a morir!
El temor se hizo sentir
En toda su intensidad
porque Ramón en verdad
Era la misma modestia
En cambio Juan una bestia
Salvaje hasta la crueldad

Listo ya los corazones
Sin buscarse se encontraron
Ya las bocas se apagaron
Pero hablaron los facones
Lanzan tajos a montones
Puñaladas a granel
Ramón se muestra más cruel
Pues resulta el más valiente
Y se abalanza nuevamente
Dispuesto acabar con él

El duelo se torna cruel
Terrible y desconsertante
Tanto que ni el mismo Dante
Pintaría un infierno igual
Pero lo más fantasmal
De aquella lucha de liones
Es que parecía visiones
Al largarse puñaladas
Por las chispas que largaban
El chocar de los facones

La noche estaba clarita
Como mandadita a hacer
Que clara se podia ver
Aquella lucha inaudita,
Juan le tira,ramón quita
Más ramón vuelve a tirar,
Diciendo vas a pagar
Con sangre tus carcajadas
Y se lanzan puñaladas,
Con las ansias de matar

La lucha es bien parecida
Pero de pronto se nota
Que a Juan la sangre le brota
A torrente de una herida
Tiene la frente partida
De un hachazo colozal
Mas sigue peleando igual
Como un tigre enfurecido
Para después caer vencido
De otro puntazo mortal

Alza Ramón nuevamente
Su brazo de triunfador
Pero un grito aterrador
Lo detiene de repente
¡Basta! le grita la gente
Y Ramón tira el facón
Se inclina de corazón
Pa’estrecharlo entre sus brazos
Pero se oyen dos balazos
Que parten de la reunión


Su cuerpo se estremeció
Junto con los estampidos
Y entre profundos quejidos
Dio dos pasos y cayó
¡Cobardes!¡Maulas! gritó
Por qué no tiran de frente
Y se paró nuevamente
Con valor extraordinario
Pa’caer sobre el contrario
Y morir como un valiente
Nunca se pudo saber
Quién jue el que mató a Ramón

Jue tanta la conjución
Que nadie pudo entender
Se hablaba de una mujer
A quien Ramón despreció
Y ante una virgen juró
Matarlo ella misma un día
Todo eso se decía
Pero no se comprobó.

Evaristo Barrios, año 1926/1928.

viernes, 27 de enero de 2012

“EL PERDÓN”




Son las cinco de la tarde
en un pago de leyenda.
A estas horas el ombú,
se saca el poncho violeta
y lo tiende sobre el suelo
curtido de la tranquera.
No pasa una virazón.
El patio se recalienta
con un brasero e'malvones,
prendido no bien clarea,
adonde las ponedoras
van a pintarse las crestas
y cuasi siempre murmuran
su rosario las abejas.
El rancho es de palo a pique.
Parece que jué carreta;
porque entuavía se ven
entre los yuyos dos ruedas:
una, es la boca del pozo
y la otra, la manguera.
Dicen que todo era dulce:
el agua, el techo y la dueña,
una viejita muy blanca,
que dejó viuda la guerra
con cuatro hijos varones...
y se echó esa cruz a cuestas.
Sus manos son un milagro
de amor; porque sale de ellas,
tierno el pan del amasijo,
tibia la leche que ordeñan,
blanco de espuma el mantel
en el altar de la mesa,
donde esas manos bendicen
la caridá de la cena,
con la hostia de la luna
azulando la cumbrera.
Esas manos día a día,
sacan calor de la rueca,
pa antibiar cuatro pichones
que desplumó la pobreza.
Y esas manos de la madre,
con diez palitos sin juerza,
van haciendo cuatro gauchos
a rigor de potro y sierra.
Si alguna vez se enojaba
con un gurí, siempre ella,
antes de cerrar la noche,
le dió la mano derecha
para que él se la besase
con un: "perdonáme vieja"!
Nunca se pudo dormir
con un hijo en penitencia.
Y esa tarde, el más muchacho,
estando solo con ella,
olvida la ley de Dios,
levanta un puño y golpea
el pecho de aquella madre,
que es una santa de güena.
A'i nomás monta a caballo
dejándola cáida en tierra.
Y a la oración, cuando güelven
los cuatro para la cena,
está el fogón apagao
y hay un frío de tapera...
-¡Mama! - nadie le responde.
Temblando ya, la campean.
Como buscan a la altura
del corazón, no la encuentran;
porque la madre está allí,
pero sobre el piso: muerta.
Los cuatro mozos de luto,
al campo santo la llevan.
Pesaba tan poco en vida...
y aura no pueden con ella!
Doblan por las cuatro puntas
aquél pañuelo de tierra...
cain unas flores de yuyo...
se santiguan ... y la dejan.
Al otro día un vecino,
al pasar por allí cerca,
avisa que a la finada
le quedó una mano ajuera.
¡Cómo ! Se miran los cuatro
y denguno malicea, güelven,
le cubren la mano
y pa mejor protegerla,
rodean la sepultura
con un corralito'e piedra...
Y la misma tarde, un hombre
que cruza con su carreta,
le dice que vió la mano
otra vez a flor de tierra...
Entonces, al más muchacho,
le habló al 'oido la concencia;
porque se puso 'e rodillas
en el corralito 'e piedra,
bajó la frente y llorando,
pa que la madre l'oyera,
como cuando jué gurí,
dijo: "Perdoname vieja!".
Cubrió de besos la mano...
después la cubrió de tierra...
y como salía solo para perdonar la ofensa,
dende la tarde del beso
ya descansó bajo tierra...
Y naides más vio la mano
de la madrecita güena,
que nunca pudo dormir
con un hijo en penitencia.

“VOLVAMOS A SER NOVIOS”




Bueno, no tomo más.
Ta' lindo el mate,
pero estoy desganao esta mañana.
No he podido dormir pensando en algo
que te quiero decir. Escuchá, Juana.
Yo sé que trabajás como una leona
pa' conservar, como tenés, la casa.
Mandando los muchachos a la escuela,
hacer comida, preparar las camas,
y sabiendo que vuelven por la tarde
tenerle sus cositas preparadas.
Lo sé. Pero es que yo también trabajo
pa' que en la casa no nos falte nada,
recorriendo alambrados y potreros,
cuereando cáidos, con calor o heladas,
aguantando corcovos a algún potro,
o sacando un arisco a la pechada.
Después de tarde,
mientras me lavo pa' volver a casa,
te veo aparecer en el arroyo
con tu carita de recién casada,
Y tus ojos... tus ojos profundos,
dentradores, y esa sonrisa...
esa sonrisa que te extraño, Juana.
Y me dejo boyar en los recuerdos,
o me quedo en las cosas de la estancia,
donde todo es amor:
en el carnero que defiende a guampa
el tranquilo pastar de la majada,
el relincho triunfal de los baguales
demostrando coraje a la yeguada,
el toro bravo levantando tierra
ante el asombro de las terneras guachas,
los pájaros que vuelven pa' sus nidos,
los peones que se van pa' la ranchada,
y yo, solo, tropeando en el camino,
soñando con hallarte en la ventana.
Pero llego y te hallo mal vestida,
caminando en chancletas, despeinada,
rezongando por cosas de los chicos,
y ese algo de rencor en la mirada.
Y me voy en silencio a la cocina
a prepararme el mate que cebabas,
pensando: ¡cómo mata la costumbre
el amor que soñaron nuestras almas!
No te entregués ansina, mansamente;
¡Peliá! ¡Si todavía sos una muchacha!
Ayudame a soñar; cinco minutos nada más te pido.
¡Cinco minutos de los de antes, Juana!
 Volvamos a ser novios nuevamente,
esperame otra vez en la ventana.
Comentan los paisanos en el pago
que al pasar por el rancho de la Juana
se ve una moza con el mate listo,
esperando a su amor en la ventana.

Letra: Goyo Godoy

jueves, 5 de enero de 2012

LA TROPILLA DEL ABUELO

Payador Martín Castro
Tiene el Viejo Tata Abuelo
Una lindaza tropilla,
Pero entre todos no ensilla
Dos pingos del mismo pelo;
Atraviesa pampa y cielo
El paisano singular:
Tuitos oyeron sonar
El tintín de su cencerro:
Por el llano, por el cerro
Desde los Andes al mar.

Tiene un zaino malacara
Un flete como pintao,
Es un redomón calzao
Con una paleta clara;
No sé con qué tinta rara
Lo bautizó la natura:
Bella y fogosa pintura
Engarzada en cada pelo,
Cruzando el azul del cielo
Y el verde de la llanura.

Un alazán testerilla
Potrillo de linda laya,
Que muestra una lista baya
Del encuentro a la rodilla;
Del borde de la barbilla
Surgen dos listas gatiadas:
Que suben por las quijadas
Hasta llegar al frontal,
Jugueteando entre el bozal
Y las virolas plateadas.

Cuenta con un doradillo
Que recién lo ha amadrinao,
Hace poco que ha empezao
A despuntar el colmillo;
Da gusto verle al potrillo
Los pechos como gragueaos:
Le asoman entrelazaos
Del cuadril a los garrones,
Lo mesmo que patacones
Unos anillos rosaos.

Suma este gaucho nativo
Un lindo flete gatiao,
Que tiene un cuadril nevao
Del costado del estribo;
Sobre él, con gesto altivo
Del Don Quijote rural:
Galopa sobre el erial
Entre las fibras agrestes,
Y las miradas celestes
Del florecido cardal.

Un yaguané color ruano
Que tiene una lista blanca,
Desde la cruz hasta el anca
Como dibujada a mano;
El misterio soberano
Que le da vida a las cosas:
Pintura a las mariposas
Al ave, al tigre, al pimpollo,
Le dio al caballito criollo
Más colores que a las rosas.

A más, tiene este paisano
Un tostado parejito,
Es un redomón nuevito
Que hasta hoy lo tiene orejano;
Cuando cruza por el llano
Con el sol medio inclinao:
Forma el reflejo dorao
Una simbólica estampa,
El cielo azul y la pampa
Y el brioso flete tostao.

Un obscuro, prenda cara
Con una estrella en la frente,
Que al mirarlo de repente
Parece ser que alumbrara;
Pues por esa seña rara
Comenta el paisano arriero:
Es al que lo ve primero
Al redor de la madrina,
Porque en la estrella ilumina
El reflejo del lucero.

Un tordillo lunarejo
Que ostenta en los costillares,
Unos vistosos lunares
Dorados como oro viejo;
Con un manchón azulejo
Sobre del cuadril del lazo:
Y de retazo en retazo
Como locas pinceladas,
Bajan dos listas tiznadas
Que se pierden en el vaso.

El que es una galanura
Es el rosillo bragao,
Lo mejor que ha galopiao
Bajo el sol de la llanura;
Ornan la briosa figura
Del lindo flete rosillo:
Desde el pescuezo al codillo
Un manchón bayo totora,
Jugando con la crin mora
Desde la cruz al flequillo.

Del pangaré rabicano
Daré las señas más finas,
Tiene las patas barcinas
Y salpicada una mano;
Con éste dice el paisano
Cuántas leguas galopié:
Y más de una vez crucé
La pampa de orilla a orilla,
Es toda una maravilla
El potrillo pangaré.

Cuando andan por ahí pastiando
Los llama con un silbido,
Y obedeciendo al sonido
Todos se acercan trotiando;
Se oye un cencerro que andando
Lanza tañidos al vuelo:
Es que bajo el Patrio suelo
Cruzando entre cardo y puna,
Va la madrina cebruna
De la tropilla de Abuelo.

Letra: MARTÍN CASTRO